A sus 110 años, Maurilio es el pensionado más longevo del IMSS

El extrabajador comenzó su relación laboral con el instituto en 1965 como jardinero; el 19 de enero el Instituto cumple 79 años al servicio de sus derechohabientes

El señor Maurilio Rodríguez Ocampo es el extrabajador más longevo en la historia del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a la edad 110 años, de los cuales más de 20 de ellos de trabajo en la institución a la que hoy recuerda con agradecimiento y nostalgia, y de la que recibe una pensión por edad avanzada.

En 1965 comenzó su trayectoria institucional como jardinero en el Centro Vacacional IMSS-Oaxtepec, a tan solo un año de su apertura; más tarde laboró en el área de limpieza en el Estadio Olímpico y continúo en control de plagas para eliminar crías de zancudo y animales ponzoñosos en todas las instalaciones.

Don Maurilio nació en 1911, es originario de la localidad de San Pedro Chichila, en Taxco, Guerrero; desde niño vivió en Yautepec, Morelos, municipio al que sus papás se trasladaron porque eran trabajadores del campo y también vendían carbón.

Cuenta que su niñez fue difícil pues transcurrió mientras se desarrollaba la Revolución Mexicana; tampoco pudo tener una preparación educativa, por lo que sus primeros trabajos fueron la siembra del algodón, frijol, maíz y papa.

Aquí encontré a mi esposa, me casé y aquí nacieron todos mis hijos”, recuerda.

Años más tarde, tuvo la oportunidad de ingresar al IMSS mediante un convenio que establecieron el municipio, un banco y el Seguro Social, primero como trabajador eventual y posteriormente fue contratado para ejercer labores de jardinería; en este tiempo recibió cursos y capacitación por parte del Instituto, incluso para brindar primeros auxilios.

También llegó a brindar apoyo a otras instalaciones del Seguro Social en La Malinche (Tlaxcala), Apizaco y Zihuatanejo, algunas ocasiones trabajó más allá de su horario y en fines de semana, pero siempre con mucho entusiasmo y agradecido con la institución que le abrió las puertas para tener un trabajo estable.

“Ya nos daban nuestros centavitos, era un sueldo seguro, ya no era un trabajo de mañana no hay, tenía sus prestaciones y para curarse con el médico”, recordó.

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